Me dijeron tu nombre de Jazz
E intenté pronunciarlo.
No pude.
No supe
Por temor a los sueños que nos rodearan.
A ti y a mí,
A dos desconocidos
Frente a frente
Con el mundo como mudo testigo.
Te hablé desde el miedo
Y dejé que te esfumaras.
Volátil,
Etérea...
Te evaporaste tras las cortinas
De un último y absurdo acto
Sin perder tu voz de cristal.
¿Cómo reconocerte?
Mientras, sobre el escenario,
Rompían un millón de aplausos contra mí.
Sí.
Hay aplausos que duelen.
Un millón de notas infelices,
Que, sin saberlo,
Morirían sin ser tocadas.
Por ello, la música me ha castigado.
Y desde entonces
Ya no escucho.
Ya no escucho.
Sólo tiemblo.
Ya no veo,
Sólo intuyo.
Ya no hablo,
Sólo divago.
Voy buscándote tras la misma vida
En la que te apareciste
Y sólo toco y toco el vacío
Por si vuelves...
Y encontrarte
En otra ola de noche
Para que me lleves.